viernes, 2 de mayo de 2014

Capítulo nueve: Su tacto.

-¡Rocío!- Exclamo en cuanto la veo.
-¡Celia!- Exclama ella.
-Creíamos que no vendríais...- Dice Julián, acercándose a mí para darme dos besos.
David saluda a Rocío con dos besos, y yo hago lo mismo con Julián.
-Hay más gente.- Murmuro, y es cierto, en la playa del Socorro hay más gente, sólo distingo sus siluetas a la luz de la luna.
-Sí, también son nuestros amigos. Ven, te los presento.- Dice Aitor, tendiéndome la mano.

Sí, Aitor apareció de repente, por mi espalda, estaba también allí, sólo que no había reparado en su presencia. Se había cambiado de look desde ésa mañana, ahora llevaba la cabeza rapada por los lados, y arriba el flequillo liso y rubio, que le caía a un lado de la cara. 
Yo ni siquiera cogí su mano cuando me la ofreció, y ésa es una de las muchas cosas que nunca pude explicarle. No confié en él, no acepté su mano cuando él me la tendió, y supongo que éso fue lo que comenzó a desgastar algo que aún no había comenzado. No para mí. Para él, sin embargo, conociéndole como le conozco, estoy segura de que llevaba observándome desde antes de que yo misma llegara a reparar en él. 

-Ella es Aitana, la prima de Rocío.- Dice Aitor, presentándome a una chica morena, de pelo largo y rizado, alta y delgada.
-Yo soy Celia.- Me presento yo, y le doy dos besos en las mejillas.
-Yo soy César.- Dice un chico alto y moreno, de ojos enormes y azules. Dos besos.
-Yo soy Mónica.- Dice una chica rubia de bote. Dos besos.
-Yo soy Nerea, la mejor amiga de Rocío.- Se presenta una chica bajita. Y con sus palabras siento que me está retando. Que me quiere decir que yo nunca podré ocupar su lugar. Y tampoco quiero. Mi mejor amiga está a cientos de kilómetros de aquí. Ninguna de las dos hacemos ademán de darnos dos besos.
-Yo soy Carlos.- Se presenta un chico, posando su mano en mi espalda. Estaba detrás de mí, y tampoco había reparado en él. 

Su tacto. Aún puedo sentirlo. Ni siquiera podría describir a Carlos físicamente, no ahora, no quiero llorar. Quiero cambiar de tema, por favor (...) Julia también estaba allí, aunque ni siquiera yo fui capaz de fijarme en una persona tan invisible, tan perdida. Ahora que hago memoria, sé que ella estaba, sentada en la arena, mirando su móvil cabizbaja mientras un mechón de pelo castaño rojizo le caía por la cara.

No hay comentarios:

Publicar un comentario