domingo, 22 de junio de 2014

Capítulo veintiuno: Verdades.

A veces te escribo. Algunas de esas veces lo borro. Porque quizás nunca me atreva a contarte qué ocurrió aquel día junto al hospital. O quizás éste sea el momento de explicarte que os creí. A ambos. Y ése fue mi primer error. Dudé de ambos. Os creí a los dos. Os quise a los dos.

-¿Cómo estás?- Le pregunto, acercándome lentamente a él. Lleva el brazo izquierdo escayolado, el labio partido por una de las comisuras y uno de los ojos morado e hinchado. Me parte el alma verlo así, a pesar de haberlo conocido ayer.
Él esboza una sonrisa.
-No he estado peor en la vida.- Responde.
Yo lo abrazo, intentando no hacerle daño en el brazo.
-Has ido a ver a Carlos antes que a mí.- Me reprocha cuando nos separamos.
Yo aparto la mirada.
-¿Por qué? ¿Acaso te gusta?- Me pregunta.
Yo niego con la cabeza lentamente.
-No me gusta, Julián.

Sí que me gustaba, pero no me atrevía a reconocerlo.

-¿Y yo? ¿Te gusto yo?
-No me gusta nadie.
-Pues no lo entiendo, Celia.
Vuelvo a abrazarlo. A punto de romper a llorar.
-¿Sabes? Creo que Carlos te gusta. Pero él no es trigo limpio.
-¿Qué quieres decir?
-Carlos tiene novia.
Me quedo paralizada.
-Carlos tiene novia. Es por su chica por quien tengo el brazo escayolado. La chica se inventó que yo le tiraba, y él vino a buscarme.
-Éso es imposible.
-¿Tanto confías en él?
-¿Tanto lo odias como para contarme ésto?
-¿Tanto te gusta como para no creer a tu amigo?
-Él también es tu amigo, ¿no?
-No. A un amigo nunca se le pone las manos encima.
Guardo silencio durante un par de segundos.
-¿Puedo hablar con la chica?
-Ahora mismo si quieres. Busca mi teléfono en el bolsillo de mi pantalón. Se llama Soraya.
Hago lo que me dice. Busco su nombre en la agenda del teléfono, y llamo. Al tercer timbre, descuelga.
-¿Qué cojones quieres ahora?
-Perdona, Soraya. No soy Julián. Soy una amiga de Carlos, y me gustaría hablar contigo, por favor.
-¿Quién eres?
-Me llamo Celia. Solamente me gustaría hablar contigo, ésta tarde.
-No puede ser, mejor mañana. ¿Ha pasado algo con él?
-Déjame preguntarte una cosa, por favor. ¿Carlos es tu novio?
  

viernes, 13 de junio de 2014

Capítulo veinte: Quizás te acuerdes de mí.

Quizás te acuerdes de mí algún día dentro de muchísimos años, y no será por mi cara bonita, ni por mi sonrisa, ni por mi forma de caminar. Quizás te acuerdes de mí cuando veas en alguna fachada de ése pueblo un póster de mi cantante favorito, cuando necesites rendirte y recuerdes que yo si sigo aquí es porque un día te lo prometí, cuando encuentres mi mirada en los ojos de otra persona.

-¿Por qué lo has hecho?- Pregunta él, tímido.
Yo sonrío.
-¿El qué?- Pregunto como si no supiera qué.
Él me mira a los ojos, nuestras miradas se funden en una, se encuentran, se desean.
-Ésto.- Responde, y pasa un brazo por detrás de mi espalda y me besa rápidamente en la boca.

Quizás te acuerdes de mí cuando veas un estampado de leopardo, o mis zapatos de tacón.

-Todavía no te lo había dicho, pero hoy estás preciosa con ése vestido que llevas.

Quizás te acuerdes de mí cuando mires a otra chica y le digas que está preciosa lleve lo que lleve.

-O bueno, la verdad es que lleves lo que lleves estás preciosa, niña.
Yo vuelvo a besarle.
Aitor se acerca a nosotros. Me había olvidado de él.
-Deberíamos de ir al hospital ya para ver cómo está Julián, Celia.

Quizás te acuerdes de mí cuando le susurres que no se vaya, que la quieres ahí contigo.

-Tengo que irme.
-No te vayas, te quiero aquí conmigo, no con él.
-Él es mi amigo, Carlos. Igual que tú.

Quizás no te acuerdes nunca de mí, porque nada pueda parecerse nunca a lo que tú y yo tuvimos, a lo que tú y yo vivimos.  

miércoles, 11 de junio de 2014

Capítulo diecinueve: Reina.

Todos nos hemos preguntado alguna vez, en un momento determinado de nuestra vida qué camino coger, qué decisión tomar, qué destino queremos para nosotros mismos. Y todos nos hemos equivocado. Hoy, por fin, tras tantas semanas incomunicada contigo (ya te explicaré todo lo que ha ocurrido), quiero contarte cuál fue mi decisión, si me equivoqué o no te lo contaré con el paso del tiempo, pero al menos hoy te mereces saber que pude escoger entre Carlos y Julián. Pero que elegí ambos caminos, elegí pasear por los dos caminos, por los dos mundos, por las dos sensaciones tan diferentes que cada uno producía en mí. Pero ni siquiera fui yo quien lo eligió así, para ser sincera. Porque a los cinco minutos de haberse ido Julián de mi casa, apareció Aitor.

-¿Qué estás haciendo aquí?- Pregunto en cuanto abro la puerta. Aitor no me cae nada bien; es un mentiroso que se ha inventado que es mi primo.
-Tenemos que irnos. A comisaría. Ha habido una movida increíble, Carlos está allí.- Dice él, preocupado.
-¿Qué ha pasado?
-Julián está en el hospital, compruébalo tú misma. ¿A dónde quieres ir primero?
-Comisaría, necesito una explicación de ésto.- Respondo, y ambos nos subimos a su moto.

Cuando llegamos, Carlos está en la puerta de la comisaría, sentado en un banco, con la cabeza gacha.
Aitor no se acerca a él, me dice que vaya yo, nos deja hablar solos un rato.
-Carlos.- Lo saludo, y él no levanta la cabeza, no me mira.
-Has venido porque te lo ha contado Aitor, ¿no?- Murmura él.
-¿Qué ha pasado con Julián?
Él guarda silencio.
-¿Me lo vas a explicar?- Insisto yo.
Él guarda silencio unos segundos, y por fin me mira.
-Me gustas.- Dice él, por fin.
-¿Qué tiene que ver éso con Julián?
-Mira, voy a ser todo lo sincero que pueda contigo, pero tienes que entenderme, por favor.
Yo asiento.
-Me gustas, pero ésta vez es distinto. Yo siempre me he fijado en chicas preciosas sin ningún fondo, chicas preciosas que no tienen un tema interesante de conversación, chicas que no necesitan que cuiden de ellas porque son lo bastante independientes como para controlarse bebiendo. Chicas a las que les he tenido que suplicar por un beso, chicas a las que he tenido que llevarlas de compras para gustarle yo a ellas, chicas que escuchaban música de fiesta, chicas que sentían que la música estaba hecha para bailarla poniendo cachondo al personal, pero tú, tú eres preciosa a tu manera, frágil como un cristal, interesante, cariñosa (lo sé por la música que escuchas), y por la música que escuchas también sé que tienes una característica muy bonita que te hace ser más especial que todas ellas, Celia; tú escuchas la música, no la bailas, la sientes.
Yo me sonrojo.
-Vale, pero no entiendo qué tiene que ver ésto con Julián.
-Déjame continuar, por favor. Siempre que a mí me ha gustado una chica así, Julián ha estado enmedio. Se ha fijado en las mismas chicas que yo, les ha dado sexo y las ha dejado tiradas, a todas. Las ha conquistado con palabras, con muestras de un cariño falso que las hacía sentir especial a todas. Y cuando ha obtenido lo que quería, las ha dejado. Cuando me enteré de que él iba a tu casa con una rosa para proponerte ir con él en moto, os seguí desde lejos, cuando vi que te llevaba a aquel jardín, dejé de seguiros. Esperé a que volviérais, y recé porque tú no le hubieras dado un beso siquiera, porque él no es merecedor de tus labios, reina. Lo esperé cerca de su casa. Y cuando llegó, empecé a gritarle que contigo no intentara lo que con todas, que si te quería de verdad luchase por ti, que yo me retiraba, pero que no te hiciera lo que a todas. Él me respondió que haría lo que quisiera, que ya estabas en el bote. Le di un empujón y él a mí un puñetazo, entonces le retorcí el brazo, y creo que se lo partí.
Me quedo asombrada. Pasmada.
-¿Estás enfadada conmigo, princesa?- Me pregunta él, serio.
Yo guardo silencio un par de segundos.
Él agacha la cabeza de nuevo.
-Mírame, Carlos, por favor.- Le pido.
Él vuelve a mirarme.
Y yo me lanzo a su boca.
Lo beso como nunca he besado a nadie.