Las cosas están cambiando demasiado rápido por aquí, aunque a fin de cuentas, las cosas siguen igual que antes. Con respecto a Sandra, nada ha cambiado. Aún no nos hemos dirigido la palabra. En Educación Física cuando nos piden que hagamos algún ejercicio por parejas, siempre se pone con Ángela, estoy convencida de que es su mejor amiga. Mi sustituta. Ángela y yo sí que nos hemos dirigido la palabra un par de veces, pero no ha sido nada significativo; un "pásame el balón" por ejemplo, cuando no he podido pararlo y éste ha acabado al lado de ella. Y a Sandra se la ve aparentemente feliz. Siempre en moto con ése chico. Moto. El paseo en moto.
-¿No crees que ya has bebido suficiente?- Me pregunta Carlos, retirándome mi sexto o séptimo cubata.
-Nunca se ha bebido suficiente, Ca... Carlos.- Respondo yo, intentando coger el vaso que él me ha quitado. Cuando casi lo he alcanzado, él esquiva mi torpe mano y tira él mismo el cubata.
-El alcohol está de... Demasiado caro como para tirarlo.- Le reprocho.
-No debes beber más, mira cómo estás.- Me dice, y me da un abrazo.
Me siento mareada.
-Cuando has dicho lo de que yo no podía ser tu...- Empiezo a decir, pero no me sale la palabra, la tengo en alguna parte de mi mareado cerebro.
-Mi tipo de chica.- Me recuerda él.
-Éso, mi tipo de chica..., ¿qué te estaba diciendo?- Se me ha olvidado lo que le estaba diciendo, y rompo a reír.
-Yo tampoco recuerdo.- Me miente él.
-Quiero beber más.- Digo yo, fingiendo tristeza y rompiendo de nuevo a reír.
-¿Hacemos un trato como si fueras una niña pequeña?- Me pregunta él, poniendo tono de niño pequeño.
Yo asiento y me mareo más.
-¿Quieres beber?- Me pregunta.
Yo asiento de nuevo.
-Está bien, ésta noche eres una niña mayor. Pero sólo ésta noche, ¿quieres?
Asiento de nuevo.
Él alcanza una botella y vierte casi todo su contenido en un vaso de plástico sin usar.
¿Vodka? No, agua. Y lo parte racional que aún me queda lo sabe. Sin embargo, soy feliz, pensando que bebo vodka.
-Está rico.- Digo, y él empieza a reírse, y yo también, y no entiendo por qué.
-Cuando te lo termines, te llevo a casa, campeona.- Dice él cuando deja de reírse.
Yo asiento con la cabeza y me termino el cubata de un trago.
Y él me abraza de nuevo.
-La noche para nosotros dos ya ha terminado. Avisad a su hermano de que yo la he acompañado a su casa.- Anuncia él y me guía hasta su moto.
-¿Por qué no la llevo yo?- Pregunta Julián.
Él ni siquiera le responde.
-Eh, Carlos, déjame que la lleve yo. Irá más segura conmigo que contigo, créeme.- Le repite Julián, acercándose a él.
-No, Julián. No.- Sentencia Carlos.
-¿Por qué me llevas en tu moto si no te gusto?- Le pregunto, cuando nos hemos alejado un poco del resto.
-Yo tampoco te gusto a ti, princesa.- Responde él, sonriendo.
-¿Y por qué me apetece besarte, si no me gustas?- Pregunto.
-Seguro que la última copa te se ha subido demasiado. Vamos, sube.- Dice, ayudándome a subir a su moto.
Yo me resisto. Y me planto en frente suya. Miro sus labios, porque no puedo sostenerle la mirada.
-¿Por qué me apetece besarte si no me gustas?- Pregunto, en un susurro. Acercándome lentamente a él.
-Borrachilla, me has dicho antes que no te montabas en las motos de chicos que acababas de conocer, supongo que tampoco eres de las que besan en la primera cita.- Dice él sonriendo.
Y yo me aparto, y me subo a la moto con su ayuda.
Él delante, conduciendo, y yo detrás, bien sujeta a él.
-Aquí es.- Le digo, señalando temblorosa la casa de mi tío.
-¿Te dejo aquí o te acompaño dentro?- Me pregunta él.
Yo busco las llaves en el bolsillo de mi pantalón.
Me pongo pálida, tiemblo entera. No están.
No están.
Vuelvo a mirar.
Me bajo de la moto y casi me caigo.
Miro de nuevo.
No están.
Carlos me mira esbozando una media sonrisa, mientras se baja de la moto y camina hasta la puerta.
-¿Buscas algo?- Dice, estirando el brazo hacia mí, con la mano abierta, mostrándome la palma.
-¡Las tenías tú!- Exclamo, acercándome a él.
-Se te cayeron, las vi y te las guardé.- Dice, cerrando la palma y llevando ambos brazos a su espalda.
-Dámelas.- Pido, riendo. Aún me tambaleo un poco, pero casi no me siento mareada. No tanto como antes, al menos.
-¿Aceptas otro juego?- Me pregunta, sonriente.
-Baja la voz, por favor, o vas a despertar a mi tío.- Pido yo, volviendo a la realidad, y acercándome a él.
Ahora estamos los dos frente a frente.
-Dame las llaves.- Pido yo.
-Dame un beso.- Pide él.
Yo sonrío, ya menos mareada. Y me acerco lentamente a él.
Y él se acerca lentamente a mí.
Nuestros labios están casi rozándose, pero desvío el rumbo en el último segundo, y le doy un beso en la comisura de los labios.
-Tus llaves.- Dice él, y me las da.
Sonríe, se sube a su moto, arranca y se aleja.
No hay comentarios:
Publicar un comentario