Hoy he venido aquí, y no espero hablar de nada interesante, sólo de una de mis teorías. La pensé anoche antes de irme a la cama. Puzzles. Sí, habéis leído bien. A los ocho o nueve años estaba obsesionada con ellos, me entretenían, me divertían durante horas. Por Navidad siempre pedía puzzles, y anoche, dando vueltas por mi cuarto, en uno de los cajones de debajo de mi cama encontré uno, y ahí fue cuando comprendí realmente el amor. Me acordé de unas palabras que él me dijo un día cualquiera, y comprendí lo que significaba amar. Él me dijo "Eres la pieza que llevaba tiempo buscando, la que termina de formar el puzzle de mi corazón". Cursi, lo sé. Demasiado cursi, los chicos normalmente suelen hablarte de fútbol o ésas cosas, no de sentimientos, los chicos normalmente suelen hablar de deportes o de sexo, no son capaces de entender lo que es la música. Él sí, él era ésa melodía perfecta, como una de las canciones de Melendi, él era "Tu jardín con enanitos", si no lo has hecho deberías de escucharla. Bueno, como iba contándote: Anoche, vi el puzzle, sin formar. Y descubrí que cada persona somos una única pieza de ése puzzle, y cada puzzle forma un mundo; su mundo interior, sus opiniones, su gente, su manera de vivir, su manera de sentir. Él, en realidad formaba parte de otro puzzle distinto al mío, tenía un mundo interior demasiado distinto al mío. Él tenía su mundo, su gente. Éramos distintos. Demasiado distintos para encajar. Ahora bien, centrémonos en el dibujo de uno de los puzzles: Un corazón, por ejemplo. El dibujo es el sentimiento, y aunque las piezas no encajen ni puedan encajar nunca por la forma que tienen hay una manera de unirlas. Si el dibujo encaja, todo encaja. ¿Qué más da? Pues él y yo, piezas de dos puzzles diferentes logramos encajar nuestros dibujos, nuestro amor. Sólo hizo falta un poquito de cinta adhesiva, aunque nuestra manera de sentir, de pensar, de amar fuera tan diferente como el día y la noche. Por éso solo quería decirte que si quieres a alguien, nunca te guíes porque la gente diga que es imposible que estéis unidos por lo distintos que sois, lucha, gasta toda la cinta adhesiva, que como dice el título de una canción de Extremoduro "ama, ama, ama y ensancha el alma". Los imposibles no existen.
Y de imposibles trata la historia de Julia. Sé que no te he hablado de ella hasta ahora. En el pueblo la llamaban "zombie" por todo lo mal que lo había pasado a lo largo de su vida, ella misma decía que ya no vivía, que estaba muerta en vida. Un escalofrío acaba de recorrer mi espalda. Aitana; su mejor amiga, zombie y yo tomamos café un día juntas. En ése único día me contó algunas cosas de su vida, y me encariñé con ella, tanto que cuando en mi grupo de amigos la criticaban o hablaban mal de ella sin conocerla, defendía a zombie, o como a mí me gustaba llamarla "Chombi". No sé qué habrá sido de ella, solo sé que era una tía con una fortaleza y una vitalidad única, capaz de salir de cualquiera de sus problemas. Y supongo que ésta es mi manera de decírselo: Chombi, aunque no me leas, estés donde estés, aquí tienes mi apoyo, pequeña.
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