Ya hace un rato que llegamos a la plaza donde ponen el mercado, y hemos ayudado a mi tío a montar su puesto. David y yo nos hemos encargado de colocar toda la mercancía que hemos traído en su furgoneta sobre la mesa.
-Tío, tengo hambre.- Me quejo.
-¿Quieres ir a otro puesto y compras churros con chocolate para todos?- Me pregunta. La gente está empezando a llegar al mercado. Clientes. Todo está preparado. En el resto de puestos también.
-Hagamos un trato, tío. Celia y yo nos vamos a desayunar mientras nos paseamos un rato por el mercado y después te ayudamos a vender. ¿Te parece bien?- Propone David.
Mi tío asiente con la cabeza. Es extraño, esperaba que nos gritase, no que nos diera un voto de confianza.
Comenzamos a andar David y yo por las calles repletas de puestos, y entonces, ocurre.
-Tío, tengo hambre.- Me quejo.
-¿Quieres ir a otro puesto y compras churros con chocolate para todos?- Me pregunta. La gente está empezando a llegar al mercado. Clientes. Todo está preparado. En el resto de puestos también.
-Hagamos un trato, tío. Celia y yo nos vamos a desayunar mientras nos paseamos un rato por el mercado y después te ayudamos a vender. ¿Te parece bien?- Propone David.
Mi tío asiente con la cabeza. Es extraño, esperaba que nos gritase, no que nos diera un voto de confianza.
Comenzamos a andar David y yo por las calles repletas de puestos, y entonces, ocurre.
En ése momento mi mirada encontró una sonrisa preciosa, luego sus ojos marrones e irremediablemente se posó en sus pecas, y en su pelo rubio ceniza. Era guapa. Guapísima. E iba cogida de la mano de él. Pero aún no puedo revelarte quién es él. Al pasar por su lado, me sentí inferior. Me sentí fea por primera vez en mi vida, creo. Osea, no sé si era la primera vez, pero sentí vergüenza de mis muslos, que vagaban a sus anchas por el mercado debajo de mis pantalones vaqueros cortos.
La chica llama la atención del chico soltándose de su mano y poniéndole delante una camiseta negra de un grupo de música.
-Vamos, cómpratela. Es Extremoduro, tío.- Le insiste.
-¿Cuánto cuesta?- Le pregunta el chico al vendedor. No escucho lo que le responde el vendedor.
-Dios, Extremoduro, colega.- Mi hermano se ha acercado a ellos corriendo. Ama Extremoduro. Desde siempre.
-¿Te gusta Extremoduro, amigo?- Le pregunta el chico a mi hermano.
Mi hermano asiente con la cabeza.
-Ojalá pudiera comprármela. Pero no tenemos dinero. Hemos venido aquí como castigo por sacar malas notas.
-Mira, hacemos un trato. Yo te regalo la camiseta. Tú apareces en la fiesta de la playa de ésta noche, ¿trato hecho?- Le dice la chica, pegándose mucho a mi hermano, sonriéndole.
-David, vámonos.- Le pido.
Me intimida la cercanía de ésa chica.
Quiere ligar con mi hermano.
-Espera, Celia. ¿Y cómo sabrás que no miento para que me regales la camiseta?
-Porque te la daré yo misma, ésta noche. A las doce en punto, en la playa del Socorro.
-Suena espantoso. ¿Se llama así?- Pregunto.
-Sí, no está demasiado lejos de aquí.
-Vivimos lejos de aquí. La casa de nuestro tío está a varios kilómetros.
-Está bien, decidle que os lleve.
-Podemos intentarlo. Por cierto, mi nombre es David.
-Yo me llamo Rocío. ¿Y tú, monada?- Me pregunta.
-Yo me llamo Celia.
-Él es Julián.
-Vamos, cómpratela. Es Extremoduro, tío.- Le insiste.
-¿Cuánto cuesta?- Le pregunta el chico al vendedor. No escucho lo que le responde el vendedor.
-Dios, Extremoduro, colega.- Mi hermano se ha acercado a ellos corriendo. Ama Extremoduro. Desde siempre.
-¿Te gusta Extremoduro, amigo?- Le pregunta el chico a mi hermano.
Mi hermano asiente con la cabeza.
-Ojalá pudiera comprármela. Pero no tenemos dinero. Hemos venido aquí como castigo por sacar malas notas.
-Mira, hacemos un trato. Yo te regalo la camiseta. Tú apareces en la fiesta de la playa de ésta noche, ¿trato hecho?- Le dice la chica, pegándose mucho a mi hermano, sonriéndole.
-David, vámonos.- Le pido.
Me intimida la cercanía de ésa chica.
Quiere ligar con mi hermano.
-Espera, Celia. ¿Y cómo sabrás que no miento para que me regales la camiseta?
-Porque te la daré yo misma, ésta noche. A las doce en punto, en la playa del Socorro.
-Suena espantoso. ¿Se llama así?- Pregunto.
-Sí, no está demasiado lejos de aquí.
-Vivimos lejos de aquí. La casa de nuestro tío está a varios kilómetros.
-Está bien, decidle que os lleve.
-Podemos intentarlo. Por cierto, mi nombre es David.
-Yo me llamo Rocío. ¿Y tú, monada?- Me pregunta.
-Yo me llamo Celia.
-Él es Julián.
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