viernes, 25 de abril de 2014

Capítulo siete: El misterioso chico de aquella tarde.

Aquel verano fue el mejor verano de toda mi vida, sin duda alguna.
Aquel verano, el patito feo se convirtió en cisne. Aquel verano, crecí.
Aprendí lecciones que otros necesitan una vida. Estuve a punto de morir varias veces, también tengo que decirlo. Y la primera vez fue ésa misma noche, alrededor de las diez y media, después de cenar.

-¿Enserio vamos a ir a la fiesta?- Le susurro a mi hermano. Los dos estamos en mi habitación. Hoy hemos deshecho las maletas.
-El chico ése era raro, ¿verdad?- Me pregunta mi hermano, en un susurro a la vez.
No, no se refiere a Julián. Se refiere al chico de ésta tarde. 

Haber, os cuento, no me mires con ésa cara tan rara. Faltaba una parte por contarte, pero claro, de él sí que no quiero hablarte tan pronto. Por favor, no me presiones para que lo haga, ya lo conocerás. Y cuando aparezca, sabrás que es él de un modo u otro.

-Bastante.- Le respondo a David, susurrando también.
-¿Conocerá al tío de verdad, o habrá sido sólo un cuento?
-Bah, yo no le daría más importancia. Seguro que no volvemos a verle en todo el verano.
-¿Pero y si fuese verdad?
-¿Si fuese verdad...? No conozco a nuestro tío, pero habría presentado a su hijo al resto de familia, digo yo. No puede aparecer de pronto un chaval de dieciocho o diecinueve años diciendo que es hijo de nuestro tío. Dejemos éste tema, anda. ¿Vamos a ir a la fiesta? El tío ya ha tenido que dormirse.
-¿Cogemos su furgoneta?
-Claro que sí.- Respondo, con ironía. Mi hermano no tiene carné de conducir.

De ésa noche te hablaba cuando te he dicho que estuve a punto de morir.
Y ahora también estoy a punto de morirme de sueño. Así que lo dicho:
Buenas noches cariño,
                                      Celia.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Cogimos la furgoneta tras mucho pensarlo. Yo pensé que moriríamos en un accidente de tráfico. Así que nada más sentarme en el asiento del copiloto de la furgoneta, cerré los ojos muy fuerte, y simplemente me dejé llevar por los recuerdos de aquel chico, por la conversación. 
-Y él es Aitor.- Lo presentó Rocío. 
Él estaba en otro puesto del mercado, mirando unos discos.
Nos dimos dos besos en las mejillas, y luego se estrechó la mano con mi hermano.
-Debéis de ser nuevos, no os he visto nunca por aquí.- Dijo el chico.
Yo asentí.
-Nuestro tío trabaja en éste mercado vendiendo flores.
-¿Alberto es vuestro tío?
-El mismo.
-Entonces creo que debería de presentarme de otro modo, primos.
-¿Primos?- Preguntó David, extrañado.
-Primos. Alberto es mi padre.
-¡¿Que Alberto es tu qué?!
-Éso no puede ser.- Dijo David, tajante.
-¡Aitor!- Lo llamó un chico desde otro puesto.
-Ahora tengo que irme, encantado.
Y desapareció, tal y como había aparecido. Y ahí fue cuando aparecieron los verdaderos enigmas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario