Ahora camino sola por los solitarios pasillos del instituto. Segundo día de clase, el primer recreo, aunque para mi parece que llevo encerrada aquí dentro años. Parece una cárcel. Me siento sola y encerrada en un sitio en el que no quiero estar. Quiero libertad, quiero mi pasado, mi verano anterior. Un verano feliz, con él. Y sin ése final desastroso. Un verano sin final, imagínate. Mi sonrisa, ésa que se fue, de nuevo aquí. Imagínate. Y ahora camino sola. O ya no sé siquiera si camino sola. No queda gente en el pasillo, éso sí lo sé. Pero quizás alguien me acompañe. Quizás su espíritu camine a mi lado. Como la culpa. Dos lágrimas resbalan por mis mejillas. La culpa. Ella siempre me acompañará por no haber impedido nada de lo que ocurrió aquella noche, por haber llegado a tal límite de locura que...
-Eres Celia, ¿no?- Me pregunta una voz a mi espalda. Yo me giro y me encuentro a uno de los profesores que me darán clase éste año. El profesor de Historia. Asiento con la cabeza, fingiendo una sonrisa. -¿Por qué no sales al patio con el resto de alumnos?- Insiste.
Y a mí me da vergüenza decirle que no quiero salir, que no tengo amigos, así que opto por la salida fácil:
-No me encuentro muy bien, profesor. Me duele la barriga.
-Los nervios del segundo día.- Asiente, sonriendo.
-Exacto, por éso he decidido quedarme aquí sola, para intentar tranquilizarme.
El profesor me deja en paz, y yo me siento en las escaleras de la segunda planta, sola. Alguien ha escrito un nombre en la pared con rotulador negro. Me acerco para leerlo, por la curiosidad.
R-O-C-Í-O.
Se me nubla la vista de nuevo por las lágrimas, aunque ésta vez logro no llorar.
Apoyo la mano sobre el nombre, tapándolo.
-Parece que nunca te irás ni te quedarás, ¿verdad, Rocío?- Susurro.
Y a mí me da vergüenza decirle que no quiero salir, que no tengo amigos, así que opto por la salida fácil:
-No me encuentro muy bien, profesor. Me duele la barriga.
-Los nervios del segundo día.- Asiente, sonriendo.
-Exacto, por éso he decidido quedarme aquí sola, para intentar tranquilizarme.
El profesor me deja en paz, y yo me siento en las escaleras de la segunda planta, sola. Alguien ha escrito un nombre en la pared con rotulador negro. Me acerco para leerlo, por la curiosidad.
R-O-C-Í-O.
Se me nubla la vista de nuevo por las lágrimas, aunque ésta vez logro no llorar.
Apoyo la mano sobre el nombre, tapándolo.
-Parece que nunca te irás ni te quedarás, ¿verdad, Rocío?- Susurro.
Si aquella noche lo hubiera impedido... Si aquella noche hubiera dicho "basta" cuando aún podía, Rocío y yo... Suena el timbre. Fin del segundo recreo. Y fin del día también.
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No he dejado de darle vueltas en todo el día. R-O-C-Í-O. Estaba ahí escrito. Su nombre. Como si yo no me acordara de ella. Como si alguien quisiera que no la olvidara. Y creo que hoy es el día. Mi pasado me persigue, el accidente me persigue, el verano, ella. Ella... De no ser porque creía que Sandra y yo seguíamos siendo mejores amigas, me habría atrevido a decir que ella era mi mejor amiga. Confié en ella. Me separé de mi anterior vida, y hoy, que ella no está, que él tampoco y que me toca volver a la normalidad, quiero contarte a ti todo lo que ocurrió aquel verano. Y quiero empezar ya, sin rodeos. Sabrás de quién me enamoré, qué nos separó, o mejor dicho quién, te hablaré de las tardes en la piscina, de las escapadas, de los paseos en moto, de la primera borrachera, de la segunda y de todas las fiestas, de aquel concierto inolvidable, sabrás todos mis secretos, ¿y sabes por qué? Porque confío en ti. Un bonito principio para ti sería empezar hablándote de Rocío. Rocío. Rocío. Rocío. Pero no, éso es un mal trago, y podrías juzgarme por lo que hice si no conocieras lo que ocurrió antes. Decidido. Voy a contarte todo. Voy a confiar en alguien, después de tanto tiempo. Voy a revivir todo aquello de tu mano. Yo me desahogaré y tú me leerás. Sabrás que mi color favorito es el azul, que me encanta que me sorprendan con una bolsa de golosinas, sabrás que ésa noche pude impedir la muerte. No pienses que Rocío está muerta antes de saber nada. No lo sabes. No me conoces. Pero me conocerás. Aunque claro, de nuevo va siendo hora de dormir, así que buenas noches.
Celia.
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El verdadero inicio de todo ésto no fue el día en que nos pillaron en la cama a Jaime y a mí.
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No he dejado de darle vueltas en todo el día. R-O-C-Í-O. Estaba ahí escrito. Su nombre. Como si yo no me acordara de ella. Como si alguien quisiera que no la olvidara. Y creo que hoy es el día. Mi pasado me persigue, el accidente me persigue, el verano, ella. Ella... De no ser porque creía que Sandra y yo seguíamos siendo mejores amigas, me habría atrevido a decir que ella era mi mejor amiga. Confié en ella. Me separé de mi anterior vida, y hoy, que ella no está, que él tampoco y que me toca volver a la normalidad, quiero contarte a ti todo lo que ocurrió aquel verano. Y quiero empezar ya, sin rodeos. Sabrás de quién me enamoré, qué nos separó, o mejor dicho quién, te hablaré de las tardes en la piscina, de las escapadas, de los paseos en moto, de la primera borrachera, de la segunda y de todas las fiestas, de aquel concierto inolvidable, sabrás todos mis secretos, ¿y sabes por qué? Porque confío en ti. Un bonito principio para ti sería empezar hablándote de Rocío. Rocío. Rocío. Rocío. Pero no, éso es un mal trago, y podrías juzgarme por lo que hice si no conocieras lo que ocurrió antes. Decidido. Voy a contarte todo. Voy a confiar en alguien, después de tanto tiempo. Voy a revivir todo aquello de tu mano. Yo me desahogaré y tú me leerás. Sabrás que mi color favorito es el azul, que me encanta que me sorprendan con una bolsa de golosinas, sabrás que ésa noche pude impedir la muerte. No pienses que Rocío está muerta antes de saber nada. No lo sabes. No me conoces. Pero me conocerás. Aunque claro, de nuevo va siendo hora de dormir, así que buenas noches.
Celia.
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El verdadero inicio de todo ésto no fue el día en que nos pillaron en la cama a Jaime y a mí.
El verdadero inicio de todo ésto no fue el primer día de clase, cuando descubrí que Sandra y yo ya no éramos lo que fuimos, que el verano había enfriado nuestra amistad y que ella había conocido a Ángela, una perfecta sustituta con la que compartir insomnios, fiestas, risas, secretos y amores del pasado. El verdadero inicio de todo ésto no fue el segundo día de clase, aunque podría haberlo sido perfectamente en el momento en que encontré su nombre escrito en la pared. El verdadero inicio no será el día en que descubra lo mucho que Sandra ha cambiado. El verdadero inicio no será en una cafetería con Sofía, como en el verano. El verdadero inicio fue un día antes de las notas, aunque podría ser en cualquier momento. Y es que la vida es éso, ¿sabes? Un montón de etapas a medio cerrar, unas demasiado cerradas como para volver a abrirlas o revivirlas, otras, demasiado abiertas como para cerrarlas aún. Y yo, lo único que intento con todo ésto es volver a sentir el olor del mar, volver a sentir sus abrazos, aunque sólo sea por un segundo, mientras te explico lo inexplicable de sus abrazos, mientras te explico lo que nunca le expliqué a nadie: Qué fue lo que nos separó. Ya no sólo a él y a mí, no. A Sofía, Rocío, Damaris, Irene, Lucía y a mí. Te contaré todos mis secretos. Y quiero empezar hoy, aquí y ahora. Y mi primer secreto es que soy igual de culpable o incluso más que el resto de ésa muerte.
Dulces sueños,
Celia.
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