viernes, 13 de junio de 2014

Capítulo veinte: Quizás te acuerdes de mí.

Quizás te acuerdes de mí algún día dentro de muchísimos años, y no será por mi cara bonita, ni por mi sonrisa, ni por mi forma de caminar. Quizás te acuerdes de mí cuando veas en alguna fachada de ése pueblo un póster de mi cantante favorito, cuando necesites rendirte y recuerdes que yo si sigo aquí es porque un día te lo prometí, cuando encuentres mi mirada en los ojos de otra persona.

-¿Por qué lo has hecho?- Pregunta él, tímido.
Yo sonrío.
-¿El qué?- Pregunto como si no supiera qué.
Él me mira a los ojos, nuestras miradas se funden en una, se encuentran, se desean.
-Ésto.- Responde, y pasa un brazo por detrás de mi espalda y me besa rápidamente en la boca.

Quizás te acuerdes de mí cuando veas un estampado de leopardo, o mis zapatos de tacón.

-Todavía no te lo había dicho, pero hoy estás preciosa con ése vestido que llevas.

Quizás te acuerdes de mí cuando mires a otra chica y le digas que está preciosa lleve lo que lleve.

-O bueno, la verdad es que lleves lo que lleves estás preciosa, niña.
Yo vuelvo a besarle.
Aitor se acerca a nosotros. Me había olvidado de él.
-Deberíamos de ir al hospital ya para ver cómo está Julián, Celia.

Quizás te acuerdes de mí cuando le susurres que no se vaya, que la quieres ahí contigo.

-Tengo que irme.
-No te vayas, te quiero aquí conmigo, no con él.
-Él es mi amigo, Carlos. Igual que tú.

Quizás no te acuerdes nunca de mí, porque nada pueda parecerse nunca a lo que tú y yo tuvimos, a lo que tú y yo vivimos.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario